Bárcenas, Rajoy y una gran M en la pared

El cobro por parte de los partidos políticos de comisiones por la adjudicación de obras y el reparto posterior entre los mandatarios del partido de esas comisiones no es nada que nos asombre especialmente. Quien más quien menos siempre ha sospechado que, gobernase quien gobernase, y en todos los niveles de gobierno, tanto central, como autonómico como municipal, alguna cantidad de dinero desaparecía de unas manos y aparecía, caliente y en su sobre, en la cartera de algún cargo.

Vayamos a suponer que éste tráfico de influencias existe a nivel global y está totalmente normalizado. Supongamos también que no solo es el político que toma la decisión quien sabe lo que está pasando, sino que también el resto de sus compañeros, conociendo como van las cosas y para no quedarse atrás, quieren un método «justo» de reparto de comisiones. Por fuerza, y para evitar que alguien «tire de la manta», debe crearse algún tipo de Bárcenas (tratemoslo ya como adjetivo) que reciba todo el dinero y lo reparta de una manera equitativa, programada y consensuada.

Suena extraño hablar de «equidad» y «justicia» en el reparto de comisiones, a usted quizás le sonrojaría, pero tal vez a nuestra clase política ni le sorprenda ni le sonroje.

El problema aparece cuando el sistema está ya tan normalizado y quiere ser tan justo, que el encargado del reparto, anota todos los movimientos ilegales.

La clave real del tema no es si los datos apuntados en la libreta son exactos o no, es el mero hecho de anotarlos en una libreta y llevar de manera exhaustiva todos los movimientos. ¿Por qué? Porque si alguien lleva una contabilidad exacta de algo es porque sabe que, en un momento dado, va a tener que rendir estas cuentas a alguien de mas arriba para que «las apruebe». Si usted encuentra un sobre con 2000 € en metálico en plena calle y decide quedárselo, ¿llevaría la contabilidad de los gastos y regalos que efectuase con ellos?

El hecho de nombrar un encargado del reparto indica que el cobro de comisiones no es algo puntual sino rutinario y que no es fortuito sino premeditado.

El hecho de que ese encargado lleve una contabilidad exacta en papel implica que alguien, por encima de él o a su lado, puede, en un momento dado o de manera rutinaria, exigirle cuentas sobre sus acciones.

¿Qué me molesta particularmente a mi de todo este tema? No es ya que el pago de comisiones atente contra la libre competencia y sea, probablemente, una de las causas de la crisis, sino el que nos tomen por tontos.

Todo esto es como llegar a casa después del trabajo y encontrarte una M enorme pintada a rotulador en el salón a un metro de altura y que tu único hijo, Manolito, te diga que: «Yo no he sido». Dan más ganas de castigarle por la inutilidad de su mentira que por la M en sí, porque, en realidad, todos sabemos que los niños hacen estas cosas.

reparto de dinero negro

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