EL INTRUSISMO EN LA CRIMINOLOGIA

Hoy hablamos del intrusismo en la criminología con un excelente artículo de Javier Muñoz, pese a que no todo el mundo esté de acuerdo.

El intrusismo en la criminologia

¿Qué es el intrusismo?

Os ahorraré definiciones de la RAE y de autores varios. Seamos directos:

El intrusismo en cuando una persona ajena a una materia de otro profesional se dedica a realizar el trabajo relativo a esa profesión sin ser, ni estar acreditado como tal profesional. Más sencillo: extender tu nicho profesional al de otras profesiones.

Y esto en España es Ley. Desde una perspectiva ética y deontológica, los profesionales que la realizan (y que se aferran a) determinadas actividades profesionales que no les toca poseen la misma responsabilidad que los gobernantes, cuyas leyes en multitud de ocasiones provocan las lagunas que degeneran en estas prácticas. De no existir, la responsabilidad se reduciría a los meros profesionales que, como oportunistas, aprovechan la ausencia de otros profesionales o el desconocimiento de la sociedad para lucrarse.

¿Estoy siendo muy crítico con el intrusismo y sus actores?

Sí. ¿Debería serlo también con aquellos que ignoran que lo realizan? Si te vas a dedicar a una actividad profesional, lo mínimo es que te informes de los límites de la misma, ¿no es así? No me meto a detective si no sé qué puedo investigar o cómo puedo hacerlo. Eso es así, este es un mundo de adultos, de responsabilidades y no me vale eso de no me había enterado.

Más tarde comentaré mis razones para ser tan crítico.

¿Por qué se da el intrusismo?

El lucro es la principal causa, pero no la única.

En general, cuando surge una actividad profesional beneficiosa, que apunta alto y parece que va a desatar una demanda alta, los distintos profesionales contiguos, sobre todo si no existe uno que ya se dedique a ello (y aunque las competencias ya hayan sido distribuidas) no tardan en divisar las oportunidades que ofrece.

Así pasó con la mediación, donde abogados y psicólogos han devorado esta actividad profesional cuando, se suponía, se trataba de una profesión más cercana al trabajo social, y que ahora posee su propia regulación y necesidad de formación en la Ley 5/2012, de 6 de julio, de mediación en asuntos civiles y mercantiles.

Ah, pero el gobierno no es tonto. Sabe que muchos profesionales ya vivían de ello antes y no desea cabrearlos (en realidad es más complejo, intervinene lobbys y se producen presiones), por lo que, pese a determinadas restricciones deontológicas (no formar parte en un proceso de mediación si antes se ha actuado representando otra figura profesional en el mismo caso, aunque esto pueda resolverse mediante la voluntad declarada de las partes), se estipuló en la Ley que sólo sería necesario un curso de 100 horas. FIN

Las universidades sacan tajada

Ja, ya más quisiéramos. Al reconocer el sonido del dinero cuando estos cursos se han copado, no han tardado las universidades en sacar másteres de año y pico que llenen las arcas de la Administración de turno.

Así, si analizamos las causas, se suele reducir al beneficio económico que puede llevar aparejado la actividad, la sencillez del trabajo, que muchas veces no es tal, sino que se trata de un menosprecio del lego profesional, que devalúa la actividad con su intrusión; y la ausencia de un profesional acreditado, una distribución de competencias no regulada (cuando el último sí existe) o un nicho laboral escasamente definido.

Por último, la ignorancia de la sociedad (algo que sólo puede resolver el Estado y los colectivos de esa profesión a través de la divulgación) ayuda a esos profesionales intrusistas a prosperar. Existen servicios profesionales para cosas que uno puede hacer gratis (o uno mismo con un poco de tiempo), como es extraer determinada información (libre y a disposición de todos) de los registros administrativos.

Pero, ¿quién sabe eso más que el propio abogado o registrador? Nos puede la pereza, y la codicia, aunque aquí ninguno es un demonio. Sólo se trata de prosperar.

 ¿Cuáles son las razones de que la Criminología sufra de intrusismo?

Habréis imaginado ya cuáles son: un nicho laboral escasamente definido, ausencia de leyes que regulen esta profesión, el hecho de que otras profesiones durante las últimas dos décadas hayan copado las actividades que esencialmente pertenecieran a la Criminología, su negativa a marcharse, aferrándose a algo que no les pertenece y para lo que pueden no estar preparados, así como, un beneficio económico en estas actividades que les invita a luchar contra los criminólogos; por no contar con la ignorancia de la sociedad, pero sobre todo de los profesionales para los que podríamos ser útiles, de qué es un criminólogo.

Es habitual encontrar, y me parece muy lógico, la percepción de que el intruso es el criminólogo. Y va a seguir así hasta que se definan los límites de lo que puede hacer y no. Porque está muy bien que yo, como tal, sepa qué debería y qué no hacer, pero, seamos claros, aquí hasta que no existe una Ley que lo estipula, somos todos carpinteros sin especializar.

El problema reside también en que nos pertenecen áreas de trabajo algo especializadas que han copado profesionales genéricos que, con suerte (no siempre), se han especializado en Criminología. Así, nosotros no somos educadores sociales en tema de menores, pero podemos intervenir en el diseño de planes o su aplicación para aquellos que presentan conductas antisociales o que residen en centros de privación de libertad. Ese es un ejemplo. Como ese, miles. Nuestro obstáculo principal es que al ciudadano no le podría importar menos, y el resto de profesionales pueden percibir una excesiva exigencia para un puesto quizás tan especializado. Esto es, pueden considerar que se trata más de una pataleta que de una firme creencia en que es por el bien del trabajo realizado. Y eso si su actividad laboral no se ve afectada. Es lógica esa percepción, y sólo nosotros y una regulación de la profesión puede ayudar a cambiarlo.

¿Qué puede hacer el criminólogo para evitar/erradicar el intrusismo?

Lo dicho se suma a una actitud derrotista, apocalíptica diría. Es común encontrar respuestas entre los criminólogos parados que referencien a la estructura social (a cómo están hechas las cosas en la sociedad) como excusa para seguir sin hacer nada. En lenguaje más sencillo: ¡No hago porque no me dejan! No es que no haya razón en lo que digan, pero me parece motivo insuficiente. Lo que desean esas personas es que se le pague por hablar. No pondré en duda la necesidad de una retribución económica obligatoria por el desarrollo profesional de una actividad, pero la Criminología se desarrolla de muchas otras maneras (como tantas otras ciencias y disciplinas), y casi todas ellas conllevan luchar ante las Administraciones, investigar, desarrollar cuerpo teórico, publicitar, etc., y todo eso no está pagado. Ese es el trabajo previo que todo empresario ha de realizar para tener la más mínima oportunidad de prosperar.

Porque eso es así, si no llegas al público… Iré más allá: si no llegas al público con verdadero contenido, ¿qué pretendes hacer por ellos? Es por eso que valoro muchísimo la actividad de algunas asociaciones de Criminología como SECrim, la plataforma de Criminología y Justicia, y tantas otras asociaciones, plataformas e, incluso, gabinetes de Criminología, que han entendido que esto no va a ser llegar y que te den un escritorio.

¿Qué haces luego en ese escritorio? Da la sensación de que muchos no se lo han planteado, de que la perspectiva no es realista a la hora de afrontar la realidad laboral de la Criminología.

Eso no significa que desee generalizar, ni que señale a unos u otros. Esta posición la han vivido otros profesionales: los psicólogos y trabajadores sociales hace veinte y treinta años tuvieron que pasar por lo mismo. Pero, ah, se ganaron su posición y echaron a quien tuvieran que echar.

En este punto, yo no os puedo recomendar que elijáis una rama de esta ciencia que os dará más o menos beneficios, porque lo que crea oportunidades son profesionales con vocación, que hacen las cosas con gusto, no que están a la que salta para sacar unos eurillos.

Y eso no va sólo por quien, como profesional, no actúa para recuperar su nicho y permite que otros se introduzcan en él, sino para todos aquellos, conscientes o inconscientes de que lo hacen, se insertan en una actividad profesional que no les pertenece. Y aquí ya no hablo sólo de Criminología.

Intrusismo criminológico en España.

Si hasta en una actividad tan regulada y definida como es la investigación privada existe quien, sin TIP, se dedica a ofertar y realizar servicios de detective, ¿cómo no se iba a librar la Criminología?

Y va a seguir así. A los abogados podemos hacerle más de un favor con nuestros conocimientos  y habilidades, pero se empeñan en creer que ellos pueden con todo o, peor, en que uno debe ahorrar en estas materias. Cuando la diferencia entre contratar con un criminólogo o un detective supone la repetición de juicios, ganarlos y extraer, no sólo juicios de culpabilidad favorables, medidas más razonables o, por qué no, mayores sumas de dinero, elegir la opción barata siempre sale más caro que no hacerlo.

Pero, al igual que con la mediación, el desconocimiento es apabullante. Un proceso de mediación familiar puede costar unos xcientos euros, y ya está. Bien llevado, resuelve problemas y establece acuerdos de conformidad por ambas partes. No habrán de preocuparse más, ni gastar más dinero. En cambio, un proceso judicial cuenta con el juicio, el abogado, el procurador, las costas para el que pierda, las imposiciones y multas que degeneren, la realidad de que es otro el que acabará tomando una decisión (el juez) que no agradará a una y quién sabe si ambas partes; además de la situación de tensión y rivalidad que se producirá entre ambos una vez termine todo, probablemente irresoluble.

La mediación se hace paso. Y la Criminología lleva luchando un tiempo por hacer lo mismo, pese a que las leyes y estudios relacionadas con la primera son más actuales. Se necesita una posición, se requiere una actitud y se debe exigir al resto de profesionales que tomen sus cosas y se vayan a donde les corresponde, y eso incluye a abogados, detectives no criminólogos, psicólogos, sociólogos e, incluso, policías.

Consecuencias del intrusismo para la Criminología.

Para ser breve, pues muchas de las consecuencias ya han sido expuestas, el intrusismo lleva a que una profesión, no sólo no sea desarrollada adecuadamente, sino que el resultado de la misma sea insuficiente para el cliente.

Pero, lejos de aceptar esas limitaciones, no es extraño reconocer los obstáculos y zancadillas que otros profesionales ponen al desarrollo de los profesionales que amenazan su actividad laboral.

De esa manera, se descubre en las universidades una actitud de desmotivación hacia los alumnos con respecto a determinadas materias para evitar que, en el futuro, se conviertan en la competencia. He sido testigo, y otros estudiantes (ahora y entonces) me han relatado casos en los que el profesional de turno (profesor asociado) o profesor titular pasa a enumerar las razones por las que no debiera el criminólogo intervenir en determinadas materias (sin una razón de peso aparente), basando sus argumentos en el es que ya hay otros que hacen eso.

¿Entonces qué pretenden decirnos? ¿Que hemos pagado miles de euros a lo largo de los años para que nos enseñen a apartarnos del camino del dinero de otros? No parece que esa lección fuese materia en las carreras de hace diez, veinte y treinta años.

Nota del Editor: No estoy para nada de acuerdo con el contenido del artículo, pero ya te lo discutiré en los comentarios de la web (y en la imagen que he puesto para ilustrar el artículo).

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EL INTRUSISMO EN LA CRIMINOLOGIA
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EL INTRUSISMO EN LA CRIMINOLOGIA
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Hoy hablamos del intrusismo en la criminología con un excelente artículo de Javier Muñoz, pese a que no todo el mundo esté de acuerdo.
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Omnia Veritas Detectives
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Detective privado, escritor y criminólogo. No necesariamente por ese orden.

3 Comments

  1. Fernando Mairata Diciembre 14, 2016
    • Javier Muñoz Chumilla Diciembre 14, 2016

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