NFT: ¿negocio o estafa?

En los últimos meses habréis escuchado este término más de una vez. Es un fenómeno que ha ido filtrándose hasta el público más general, pero que lleva ya al menos un año o dos en nuestras vidas. Hay quien no se fía de los NFTs, y quien los vende como la panacea, el negocio del futuro. Pero ¿qué hay detrás de ellos? ¿Cómo podemos los detectives ayudar en ese aspecto?

¿Qué es un NFT?

Son siglas en inglés, que traducidas significarían token no fungible. Ni idea, ¿no? Se trata de un activo digital (que puede contener o haberse enlazado con cualquier producto, como un vídeo, una imagen, música, etc.), cuya compra supone un título de propiedad sobre un producto digital. En palabras claras, un NFT te permite adquirir algo digital a título personal y que ello conlleve que eso no se agota (no se pierde) ni se transfiere (no te lo pueden quitar, falsificar, copiar, etc.).

Es un poco complejo, así que utilizaré ejemplos. Yo pinto cuadros y los vendo. Cuadros físicos, pero también pinto cuadros digitales (o digitalizo los físicos) y los vendo; y son bonitos, pero, ah… una vez que los subo a Instagram, Facebook o cualquier plataforma, ¿me pertenecen? ¿Puede cualquier persona dar a copiar y pegar (o descargar) y hacerse con ellos? ¿Quién va a querer comprarme un cuadro si con dar un par de clics puede piratear mi cuadro y hacerlo suyo? Y lo mismo sucedería si me dedico a crear canciones (o mezclas), por ejemplo. Mi producto, al ser digital y fácilmente copiable, pierde su valor por cuanto cualquiera puede acceder a él y hacerlo suyo. Por qué pagar si lo puedo conseguir gratis, ¿no?

Títulos de propiedad digital

Pues bien, un NFT es ese título de propiedad -digital- que crea el autor y enlaza con X número de reproducciones de su obra que garantizan que, pese a las mil copias que puedan hacerse luego ilegalmente, esas X copias que genera son legítimas, válidas, no fungibles y con garantía de su origen. Por ejemplo, hago un cuadro digital de mi perro y decido sacar a la venta 30 NFTs al precio de 100€ cada uno. Cada persona que lo compre tendrá el archivo original y otro archivo que garantice que aquello ha sido obtenido de manera legítima y que es de su propiedad. El autor nunca pierde sus derechos de autor, eso es otra cosa distinta. Es solo un derecho de propiedad y solo sobre una copia autorizada.

Usos de los NFTs y el dinero fácil.

Vale, pero ¿para qué iba a querer nadie tener una imagen digital que vale 100 euros? O 1000€, o 10000€. ¿Por puro coleccionismo? ¿Por el apoyo al autor/a? Quizá por el crecimiento del mundo digital (con el Metaverso, por ejemplo). Los compradores pueden ser conscientes de que un día querrán decorar su casa virtual y esos cuadros digitales son justamente lo que necesitan. No hay ironía en estas preguntas. Ya está sucediendo.

Los NFTs han surgido como una alternativa para generar ingresos (eufemismo de hacer negocio) para todo tipo de autores, fueran nativos digitales o analógicos que han tenido que migrar para no morir de hambre. Esta tecnología garantiza a los creadores, pero sobre todo a los compradores, que el producto que obtienen no es fácilmente falsificable. Y así, si quieres apoyar a tu creador de contenido favorito, obtienes un producto intangible, pero que gracias a los NFTs, ahora tiene un valor calculable y que no depende de la piratería.

Truco o trato.

Pero ¿veis el truco ya o sigo? Por un lado, uno obtiene sin más el mismo JPEG, MP3, etc., que ya podía copiando, solo que paga, así que el mercado tenía que premiar de alguna manera al comprador, y ya se han ocupado oportunistas y especuladores de hacerlo. Y es que un NFT no te da derecho sobre la obra original, pero sí derechos sobre tu copia, y uno de ellos es el de revenderla.

¿Qué pasa con lo que nace en ediciones limitadas? Que no tarda en revalorizarse y, por tanto, el mercado de las NFTs se convierte al instante en uno sobre la especulación, tanto para los creadores como para los compradores. El que crea contenido, como algunos YouTubers que se han subido al carro, pueden retroalimentar el precio de sus NFTs a través de campañas de marketing, de promociones, de inflar la burbuja… Y los compradores que no lo hacen con objetivos de colección o apoyo al artista solo tienen que esperar a que el precio suba. Nunca faltan otros compradores.

Otra digi-actividad sospechosa de estafarte.

¿Os suena esto a algo? ¿Criptomonedas? Así es. Hay quien ha definido los NFTs como el intento de ponerle puertas a Internet. Pero, en realidad, esto iba a suceder antes o después. Era cuestión de tiempo que se encontrase una solución a eso de que la libertad de Internet generara pérdidas en productores de contenido.

En los videojuegos ya era común que tuvieses que pagar por aspectos particulares dentro del mismo (con microtransacciones): desde aspectos (skins) hasta cajas sorpresa, pasando por jugadores premium, etc. Pero ninguna de estas compras podía luego revertir en una venta. Es decir, perdía valor conforme era obtenida por cuanto no se podía revender al estar asociada a una cuenta de jugador. Con los NFTs, pronto este tipo de microproductos permitirán que los jugadores recuperen parte de su dinero invertido, incluso más de lo que pagaron si se hincha el mercado de la especulación.  Y no os preocupéis, que el vendedor original nunca pierde dinero. Cuanto más consiga vender, más caro podrá poner sus siguientes NFTs.

Detectives y NFTs

Uno de los motivos de este artículo, además de explicar un poco el fenómeno, era tratar de encontrar cómo se encaja el detective en este mundo, o cómo este mundo puede afectar a nuestra profesión.

Los informes de investigación serían ideales para asociar a un NFT en cuanto a que garantizarían que, desde que salen de las manos del detective, no pueden ser modificados en modo alguno y llegan intactos ante la autoridad, pero hay dos grandes obstáculos a salvar:

1.- Que la justicia se adapte al siglo XXI cuando aun va por mediados del XX (siendo optimistas).

2.- Que en la Blockchain todo es público, y nuestra información es totalmente confidencial.

Otra cosa es que sean objeto de investigación.

Por otro lado, sí que este mundo, ya desde su nacimiento, se ha mostrado proclive a la estafa, la especulación y el engaño. Igual que con la criptomoneda, muchos ricos han sido los que se han lanzado a este mercado, tanto para producir NFTs como para comprarlos.

Los NFT, como contratos digitales, son imposibles de falsificar si se sabe como autentificarlos, pero el problema es la falta de conocimiento de la gente. Los estafadores siempre están al día y se estudian todos los recovecos. Es relativamente sencillo copiar una colección de arte digital y sacarla a la venta cambiando un nombre o una letra, o vendiéndola en otro mercado distinto al original. Se hace todos los días aprovechando que es un mercado nuevo al que se acercan muchos consumidores sin experiencia y fáciles de engañar.

Detective y legitimidad.

Un detective puede ser útil para inspeccionar las redes de determinadas personas, empresas o instituciones que comercian con NFTs para averiguar su legitimidad, si sus precios no están hinchados, si no son mera carne de especulación para conseguir beneficios, etc. No creo que haya nada ilegítimo en desear adquirir una imagen (o canción, o lo que sea) digital de un autor/a. No creo que se vaya a dar con una estafa en ese ámbito. En cambio, es fácil que si entra en este mercado tratando de especular, le den muchas veces gato por liebre. Un detective puede ser una barrera inicial contra estafas, una salvaguarda para conocer con quién se están haciendo negocios.

Mi consejo final es que os andéis con cuidado y no os fieis de quien os venda este mercado como uno revolucionario, menos si os dice que invirtáis ciegamente. Pero, bueno, este consejo puede servir para cualquier tipo de mercado, ¿no?

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Detective privado, escritor y criminólogo. No necesariamente por ese orden.

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